viernes, 20 de abril de 2018

PERÍODO EXTRAORDINARIO DE COBRO PARA LOS HERMANOS

De cara a la celebración del próximo Cabildo de Elecciones, la Junta Gestora que rige la Hermandad ha acordado establecer un período extraordinario de cobro con idea de que todos los hermanos que tengan débitos pendientes puedan ponerse al día para poder votar, tal y como establecen nuestras Reglas. De este modo, se establece dicho período del 7 al 11 de mayo y en horario de 18 h a 21h, en la Casa de Hermandad. Para aquellos hermanos que tengan domiciliaciones, le anunciamos que la Tesorería de la Hermandad pasará las remesas como corresponde. El no cumplimiento de esta norma hará que el hermano no pueda acceder al Cabildo de Elecciones. Laus Deo.

CRUZ DE MAYO 2018

Desde que Santa Elena de Constantinopla, madre del emperador Constantino, ordenara excavar los lugares donde Cristo fue Crucificado y descubriera la verdadera Cruz del Señor, la Iglesia conmemora desde antiguo en el mes de mayo la fiesta de la Invención de la Santa Cruz. La emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el lugar del hallazgo un fastuoso templo, la actual Basílica del Santo Sepulcro, en la que guardaron la reliquia.
La Hermandad del Amor, fiel a esta antigua tradición, quiere recordar que la celebración de la fiesta de las Cruces de Mayo tiene un sentido cristiano. Por ello, levantará un año más su Cruz en el entorno de la Calahorra, donde lo viene haciendo desde hace años. Para su montaje, que comenzará el próximo lunes 23 de abril, decoración y desmontaje animanos a los hermanos que lo deseen a colaborar activamente. Por ello, informamos que estaremos en ese lugar desde el próximo lunes en horario de 18 h a 22 h.

El viernes 27 de abril a las 21,30 h nuestro Consiliario, Iltmo. Sr. D. Antonio Murillo Torralbo, procederá a bendecir e inaugurar la Cruz. Ese mismo día, en horario más temprano, la Hermandad tendrá una convivencia con la Asociación Autismo Córdoba con la que colabora últimamente. También aprovecharemos el acto inaugural para tener un encuentro fraterno con ADEVIDA, Asociación con la que la Hermandad también viene colaborando desde hace varios años.

El sábado 28 la Hermandad homenajeará a las tres cuadrillas de costaleros con un perol de convivencia, en agradecimiento a su esfuerzo y entrega. El domingo 29, día del Grupo Joven, los jóvenes de la cofradía tendrán un encuentro fraterno en nuestra Cruz. Finalmente, el lunes 30 de abril a partir de las 21 horas tendremos una tarde rociera donde en directo cantarán a la Cruz los siguientes coros: Coro Cantares, Coro Amigos de la Casa de Sevilla, Coro Yerbabuena. En definitiva, la Hermandad aprovechará estos días festivos para estrechar lazos y convivir con todos sus hermanos. Laus Deo


ARREGLO EN LA MAYORDOMÍA

Otro de los arreglos importantes que ha llevado a cabo la Hermandad desde que concluyó la Semana Santa ha sido el arreglo del Local de la Mayordomía y de los hábitos de nazareno. A dicho local se le ha mejorado la iluminación y se le han colocado unos percheros metálicos de donde colgarán todos los equipos de nazareno. Dichos percheros han sido fabricados por N.H. Antonio Fernández Siles y vienen a sustituir las viejas cajas de cartón. Sin duda resulta una forma más idónea de presentar las túnicas desde el punto de vista de la conservación. Además, cada equipo está protegido por una funda de plástico individual que ha donado N.H. Antonio Jiménez. Que nuestros Sagrados Titulares premien este gesto a nuestros hermanos. Laus Deo.

SE ENTREGA EL PREMIO DEL SORTEO ESTACIÓN DE PENITENCIA

En fechas pasadas la Hermandad ha hecho entrega del premio correspondiente al Sorteo Estación de Penitencia 2018. Las papelillas, distribuidas fundamentalmente entre los costaleros de las tres cuadrillas de la Hermandad, contenían dos números de cuatro cifras recayendo el premio por coincidencia de todo el número con el que saliese del sorteo del pasado 6 de abril y que fue el 5242. El premio, consistente en un cheque regalo por importe de 300€, fue recogido en días pasados por un hermano que desea mantener su anonimato y que además regaló 150€ del mismo para destino de la Comisión del Señor del Silencio que viene trabajando desde hace meses. Que nuestros Sagrados Titulares recompensen este hermoso gesto a este hermano nuestro. Laus Deo.

ORGANIZACIÓN DEL ARCHIVO HISTÓRICO DE LA HERMANDAD

Pasada la Semana Santa, la Hermandad comenzó de inmediato con las labores de limpieza y recogida de los enseres procesionales para que éstos se conserven de un modo óptimo hasta el año que viene. Paralelamente, se ha procedido al ordenamiento de toda la documentación histórica que conserva la cofradía desde su fundación. El arreglo, llevado a cabo por el Secretario N.H. Juan Carlos Jiménez Díaz, ha consistido en la catalogación e inventario de todos los documentos históricos que se encuentran en el archivo para lo que se ha seguido lo dispuesto en la normativa IASD-G. Una vez revisada toda la documentación se ha procedido a su clasificación y organización, tomándose como modelo la estructura del Archivo General del Obispado de Córdoba. Después se han decorado todas las cajas con unas solapas que dan referencia numérica de la Sección, Serie y Legajo que contiene cada caja. Finalmente, se ha confeccionado el Cuadro de Clasificación necesario para ubicar cada documento en su Legajo correspondiente. Todas estas laboriosas tareas han dado como resultado un Archivo Histórico que, aunque con faltas documentales, se ha convertido en funcional para la Hermandad. Laus Deo.

martes, 27 de marzo de 2018

POR LOS NO NACIDOS

Aciprensa ha realizado un articulo sobre el compromiso que mantiene nuestra hermandad con los asociación ADEVIDA por los niños no nacidos. Y con motivo de ella, Mª Stma. De la Encarnación portó en su palio un cirio en conmemoración por aquellos que no han llegado a nacer. El articulo que publica Aciprensa:


La Semana Santa en España se vive especialmente con las procesiones, una antiquísima tradición que en Andalucía es histórica. En ellos se recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús en las calles.
Sin embargo, pocos saben que la imagen de la Virgen de la Encarnación de la Hermandad del Cristo del Amor en la ciudad de Córdoba (España) cuenta con una referencia a los niños no nacidos.
Esta imagen de María Santísima de la Encarnación recuerda el momento en que el arcángel San Gabriel anunció la concepción en su vientre del Hijo de Dios, de modo virginal.

“Nuestra Virgen es la de la Encarnación, en donde se encarna el Hijo de Dios. Por eso con mayor motivo que nosotros demos testimonio y apoyemos a la asociación ADEVIDA”, explica a ACI Prensa, Inmaculada Aranda, miembro de la Hermandad del Cristo de Amor,
Aranda también precisa que desde hace unos tres años llevan ese cirio por los no nacidos, “para pedir por todos los que por desgracia, no llegan a nacer”.
La imagen de la Virgen tiene numerosas velas que adornan el paso, pero en concreto esta tiene una imagen de María con el Niño y la inscripción: “Por los no nacidos”.
Además Aranda subraya que miembros de la asociación ADEVIDA salen en la procesión junto a la Virgen el Domingo de Ramos, y desde la Hermandad se colabora con esta asociación que ayuda a mujeres embarazadas y con dificultades con dinero, juguetes y ropa.
La imagen de la Virgen de la Encarnación de Córdoba tiene también la particularidad de que es llevada por una cuadrilla de mujeres costaleras. La primera que hubo en España.  

domingo, 25 de marzo de 2018

MENSAJE DEL SANTO PADRE

Publicamos a continuación el texto del Mensaje que el Santo Padre Francisco envía a las jóvenes y los jóvenes de todo el mundo con motivo de la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en ámbito diocesano el 25 de marzo de 2018, Domingo de Ramos y cuyo tema es «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios» (Lc 1,30).
Mensaje del Santo Padre
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios» (Lc 1,30)
Queridos jóvenes:
La Jornada Mundial de la Juventud de 2018 es un paso más en el proceso de preparación de la Jornada internacional, que tendrá lugar en Panamá en enero de 2019. Esta nueva etapa de nuestra peregrinación cae en el mismo año en que se ha convocado la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Es una buena coincidencia. La atención, la oración y la reflexión de la Iglesia estarán puestas en vosotros, los jóvenes, con el deseo de comprender y, sobre todo, de «acoger» el don precioso que representáis para Dios, para la Iglesia y para el mundo.
Como ya sabéis, hemos elegido a María, la joven de Nazaret, a quien Dios escogió como Madre de su Hijo, para que nos acompañe en este viaje con su ejemplo y su intercesión. Ella camina con nosotros hacia el Sínodo y la JMJ de Panamá. Si el año pasado nos sirvieron de guía las palabras de su canto de alabanza: «El Poderoso ha hecho obras grandes en mí» (Lc 1,49), enseñándonos a hacer memoria del pasado, este año tratamos de escuchar con ella la voz de Dios que infunde valor y da la gracia necesaria para responder a su llamada: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1,30). Son las palabras pronunciadas por el mensajero de Dios, el arcángel Gabriel, a María, una sencilla jovencita de un pequeño pueblo de Galilea.
1.         No temas
Es comprensible que la repentina aparición del ángel y su misterioso saludo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc1,28) hayan causado una fuerte turbación en María, sorprendida por esta primera revelación de su identidad y de su vocación, desconocida para ella entonces. María, como otros personajes de las Sagradas Escrituras, tiembla ante el misterio de la llamada de Dios, que en un instante la sitúa ante la inmensidad de su propio designio y le hace sentir toda su pequeñez, como una humilde criatura. El ángel, leyendo en lo más profundo de su corazón, le dice: «¡No temas!». Dios también lee en nuestro corazón. Él conoce bien los desafíos que tenemos que afrontar en la vida, especialmente cuando nos encontramos ante las decisiones fundamentales de las que depende lo que seremos y lo que haremos en este mundo. Es la «emoción» que sentimos frente a las decisiones sobre nuestro futuro, nuestro estado de vida, nuestra vocación. En esos momentos nos sentimos turbados y embargados por tantos miedos.
Y vosotros jóvenes, ¿qué miedos tenéis? ¿Qué es lo que más os preocupa en el fondo? En muchos de vosotros existe un miedo de «fondo» que es el de no ser amados, queridos, de no ser aceptados por lo que sois. Hoy en día, muchos jóvenes se sienten obligados a mostrarse distintos de lo que son en realidad, para intentar adecuarse a estándares a menudo artificiales e inalcanzables. Hacen continuos «retoques fotográficos» de su imagen, escondiéndose detrás de máscaras y falsas identidades, hasta casi convertirse ellos mismos en un «fake». Muchos están obsesionados con recibir el mayor número posible de «me gusta». Y este sentido de inadecuación produce muchos temores e incertidumbres. Otros tienen miedo a no ser capaces de encontrar una seguridad afectiva y quedarse solos. Frente a la precariedad del trabajo, muchos tienen miedo a no poder alcanzar una situación profesional satisfactoria, a no ver cumplidos sus sueños. Se trata de temores que están presentes hoy en muchos jóvenes, tanto creyentes como no creyentes. E incluso aquellos que han abrazado el don de la fe y buscan seriamente su vocación tampoco están exentos de temores. Algunos piensan: quizás Dios me pide o me pedirá demasiado; quizás, yendo por el camino que me ha señalado, no seré realmente feliz, o no estaré a la altura de lo que me pide. Otros se preguntan: si sigo el camino que Dios me indica, ¿quién me garantiza que podré llegar hasta el final? ¿Me desanimaré? ¿Perderé el entusiasmo? ¿Seré capaz de perseverar toda mi vida?
En los momentos en que las dudas y los miedos inundan nuestros corazones, resulta imprescindible el discernimiento. Nos permite poner orden en la confusión de nuestros pensamientos y sentimientos, para actuar de una manera justa y prudente. En este proceso, lo primero que hay que hacer para superar los miedos es identificarlos con claridad, para no perder tiempo y energías con fantasmas que no tienen rostro ni consistencia. Por esto, os invito a mirar dentro de vosotros y «dar un nombre» a vuestros miedos. Preguntaos: hoy, en mi situación concreta, ¿qué es lo que me angustia, qué es lo que más temo? ¿Qué es lo que me bloquea y me impide avanzar? ¿Por qué no tengo el valor para tomar las decisiones importantes que debo tomar? No tengáis miedo de mirar con sinceridad vuestros miedos, reconocerlos con realismo y afrontarlos. La Biblia no niega el sentimiento humano del miedo ni sus muchas causas. Abraham tuvo miedo (cf. Gn 12,10s.), Jacob tuvo miedo (cf. Gn 31,31; 32,8), y también Moisés (cf. Ex 2,14; 17,4), Pedro (cf. Mt 26,69ss.) y los Apóstoles (cf. Mc 4,38-40, Mt 26,56). Jesús mismo, aunque en un nivel incomparable, experimentó el temor y la angustia (Mt 26,37, Lc 22,44).
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (Mc 4,40). Este reproche de Jesús a sus discípulos nos permite comprender cómo el obstáculo para la fe no es con frecuencia la incredulidad sino el miedo. Así, el esfuerzo de discernimiento, una vez identificados los miedos, nos debe ayudar a superarlos abriéndonos a la vida y afrontando con serenidad los desafíos que nos presenta. Para los cristianos, en concreto, el miedo nunca debe tener la última palabra, sino que nos da la ocasión para realizar un acto de fe en Dios… y también en la vida. Esto significa creer en la bondad fundamental de la existencia que Dios nos ha dado, confiar en que él nos lleva a un buen final a través también de las circunstancias y vicisitudes que a menudo son misteriosas para nosotros. Si por el contrario alimentamos el temor, tenderemos a encerrarnos en nosotros mismos, a levantar una barricada para defendernos de todo y de todos, quedando paralizados. ¡Debemos reaccionar! ¡Nunca cerrarnos! En las Sagradas Escrituras encontramos 365 veces la expresión «no temas», con todas sus variaciones. Como si quisiera decir que todos los días del año el Señor nos quiere libres del temor.
El discernimiento se vuelve indispensable cuando se trata de encontrar la propia vocación. La mayoría de las veces no está clara o totalmente evidente, pero se comprende poco a poco. El discernimiento, en este caso, no pretende ser un esfuerzo individual de introspección, con el objetivo de aprender más acerca de nuestros mecanismos internos para fortalecernos y lograr un cierto equilibrio. En ese caso, la persona puede llegar a ser más fuerte, pero permanece cerrada en el horizonte limitado de sus posibilidades y de sus puntos de vista. La vocación, en cambio, es una llamada que viene de arriba y el discernimiento consiste sobre todo en abrirse al Otro que llama. Se necesita entonces el silencio de la oración para escuchar la voz de Dios que resuena en la conciencia. Él llama a la puerta de nuestro corazón, como lo hizo con María, con ganas de entablar en amistad con nosotros a través de la oración, de hablarnos a través de las Sagradas Escrituras, de ofrecernos su misericordia en el sacramento de la reconciliación, de ser uno con nosotros en la comunión eucarística.
Pero también es importante hablar y dialogar con otros, hermanos y hermanas nuestros en la fe, que tienen más experiencia y nos ayudan a ver mejor y a escoger entre las diversas opciones. El joven Samuel, cuando oyó la voz del Señor, no lo reconoció inmediatamente y por tres veces fue a Elí, el viejo sacerdote, quien al final le sugirió la respuesta correcta que debería dar a la llamada del Señor: «Si te llama de nuevo, di: “Habla Señor, que tu siervo escucha”» (1 S 3,9). Cuando dudéis, sabed que podéis contar con la Iglesia. Sé que hay buenos sacerdotes, consagrados y consagradas, fieles laicos, muchos de ellos jóvenes a su vez, que pueden acompañaros como hermanos y hermanas mayores en la fe; movidos por el Espíritu Santo, os ayudarán a despejar vuestras dudas y a leer el designio de vuestra vocación personal. El «otro» no es únicamente un guía espiritual, sino también el que nos ayuda a abrirnos a todas las riquezas infinitas de la existencia que Dios nos ha dado. Es necesario que dejemos espacio en nuestras ciudades y comunidades para crecer, soñar, mirar nuevos horizontes. Nunca perdáis el gusto de disfrutar del encuentro, de la amistad, el gusto de soñar juntos, de caminar con los demás. Los cristianos auténticos no tienen miedo de abrirse a los demás, compartir su espacio vital transformándolo en espacio de fraternidad. No dejéis, queridos jóvenes, que el resplandor de la juventud se apague en la oscuridad de una habitación cerrada en la que la única ventana para ver el mundo sea el ordenador y el smartphone. Abrid las puertas de vuestra vida. Que vuestro ambiente y vuestro tiempo estén ocupados por personas concretas, relaciones profundas, con las que podáis compartir experiencias auténticas y reales en vuestra vida cotidiana.
2.         María
            «Te he llamado por tu nombre» (Is 43,1). El primer motivo para no tener miedo es precisamente el hecho de que Dios nos llama por nuestro nombre. El ángel, mensajero de Dios, llamó a María por su nombre. Poner nombres es propio de Dios. En la obra de la creación, él llama a la existencia a cada criatura por su nombre. Detrás del nombre hay una identidad, algo que es único en cada cosa, en cada persona, esa íntima esencia que sólo Dios conoce en profundidad. Esta prerrogativa divina fue compartida con el hombre, al cual Dios le concedió que diera nombre a los animales, a los pájaros y también a los propios hijos (Gn 2,19-21; 4,1). Muchas culturas comparten esta profunda visión bíblica, reconociendo en el nombre la revelación del misterio más profundo de una vida, el significado de una existencia.
            Cuando Dios llama por el nombre a una persona, le revela al mismo tiempo su vocación, su proyecto de santidad y de bien, por el que esa persona llegará a ser alguien único y un don para los demás. Y también cuando el Señor quiere ensanchar los horizontes de una existencia, decide dar a la persona a quien llama un nombre nuevo, como hace con Simón, llamándolo «Pedro». De aquí viene la costumbre de asumir un nuevo nombre cuando se entra en una orden religiosa, para indicar una nueva identidad y una nueva misión. La llamada divina, al ser personal y única, requiere que tengamos el valor de desvincularnos de la presión homogeneizadora de los lugares comunes, para que nuestra vida sea de verdad un don original e irrepetible para Dios, para la Iglesia y para los demás.
Queridos jóvenes: Ser llamados por nuestro nombre es, por lo tanto, signo de la gran dignidad que tenemos a los ojos de Dios, de su predilección por nosotros. Y Dios llama a cada uno de vosotros por vuestro nombre. Vosotros sois el «tú» de Dios, preciosos a sus ojos, dignos de estima y amados (cf. Is 43,4). Acoged con alegría este diálogo que Dios os propone, esta llamada que él os dirige llamándoos por vuestro nombre.
3.         Has encontrado gracia ante Dios
El motivo principal por el que María no debe temer es porque ha encontrado gracia ante Dios. La palabra «gracia» nos habla de amor gratuito e inmerecido. Cuánto nos anima saber que no tenemos que conseguir la cercanía y la ayuda de Dios presentando por adelantado un «currículum de excelencia», lleno de méritos y de éxitos. El ángel dice a María que ya ha encontrado gracia ante Dios, no que la conseguirá en el futuro. Y la misma formulación de las palabras del ángel nos da a entender que la gracia divina es continua, no algo pasajero o momentáneo, y por esto nunca faltará. También en el futuro seremos sostenidos siempre por la gracia de Dios, sobre todo en los momentos de prueba y de oscuridad.
La presencia continua de la gracia divina nos anima a abrazar con confianza nuestra vocación, que exige un compromiso de fidelidad que hay que renovar todos los días. De hecho, el camino de la vocación no está libre de cruces: no sólo las dudas iniciales, sino también las frecuentes tentaciones que se encuentran a lo largo del camino. La sensación de no estar a la altura acompaña al discípulo de Cristo hasta el final, pero él sabe que está asistido por la gracia de Dios.
Las palabras del ángel se posan sobre los miedos humanos, disolviéndolos con la fuerza de la buena noticia de la que son portadoras. Nuestra vida no es pura casualidad ni mera lucha por sobrevivir, sino que cada uno de nosotros es una historia amada por Dios. El haber «encontrado gracia ante Dios» significa que el Creador aprecia la belleza única de nuestro ser y tiene un designio extraordinario para nuestra vida. Ser conscientes de esto no resuelve ciertamente todos los problemas y no quita las incertidumbres de la vida, pero tiene el poder de transformarla en profundidad. Lo que el mañana nos deparará, y que no conocemos, no es una amenaza oscura de la que tenemos que sobrevivir, sino que es un tiempo favorable que se nos concede para vivir el carácter único de nuestra vocación personal y compartirlo con nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia y en el mundo.
4.         Valentía en el presente
La fuerza para tener valor en el presente nos viene de la convicción de que la gracia de Dios está con nosotros: valor para llevar adelante lo que Dios nos pide aquí y ahora, en cada ámbito de nuestra vida; valor para abrazar la vocación que Dios nos muestra; valor para vivir nuestra fe sin ocultarla o rebajarla.
Sí, cuando nos abrimos a la gracia de Dios, lo imposible se convierte en realidad. «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31). La gracia de Dios toca el hoy de vuestra vida, os «aferra» así como sois, con todos vuestros miedos y límites, pero también revela los maravillosos planes de Dios. Vosotros, jóvenes, tenéis necesidad de sentir que alguien confía realmente en vosotros. Sabed que el Papa confía en vosotros, que la Iglesia confía en vosotros. Y vosotros, ¡confiad en la Iglesia!
A María, joven, se le confió una tarea importante, precisamente porque era joven. Vosotros, jóvenes, tenéis fuerza, atravesáis una fase de la vida en la que sin duda no faltan las energías. Usad esa fuerza y esas energías para mejorar el mundo, empezando por la realidad más cercana a vosotros. Deseo que en la Iglesia se os confíen responsabilidades importantes, que se tenga la valentía de daros espacio; y vosotros, preparaos para asumir esta responsabilidad.
Os invito a seguir contemplando el amor de María: un amor atento, dinámico, concreto. Un amor lleno de audacia y completamente proyectado hacia el don de sí misma. Una Iglesia repleta de estas cualidades marianas será siempre Iglesia en salida, que va más allá de sus límites y confines para hacer que se derrame la gracia recibida. Si nos dejamos contagiar por el ejemplo de María, viviremos de manera concreta la caridad que nos urge a amar a Dios más allá de todo y de nosotros mismos, a amar a las personas con quienes compartimos la vida diaria. Y también podremos amar a quien nos resulta poco simpático. Es un amor que se convierte en servicio y dedicación, especialmente hacia los más débiles y pobres, que transforma nuestros rostros y nos llena de alegría.
Quisiera terminar con las hermosas palabras de san Bernardo en su famosa homilía sobre el misterio de la Anunciación, palabras que expresan la expectativa de toda la humanidad ante la respuesta de María: «Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta. También nosotros esperamos, Señora, esta palabra de misericordia. Por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida. Esto mismo te pide el mundo todo postrado a tus pies. Oh Virgen, da pronto tu respuesta» (Homilía 4, 8-9: Opera Omnia, Ed. Cisterciense, 4 [1966] 53-54).
Queridos jóvenes: el Señor, la Iglesia, el mundo, esperan también vuestra respuesta a esa llamada única que cada uno recibe en esta vida. A medida que se aproxima la JMJ de Panamá, os invito a prepararos para nuestra cita con la alegría y el entusiasmo de quien quiere ser partícipe de una gran aventura. La JMJ es para los valientes, no para jóvenes que sólo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades. ¿Aceptáis el desafío?
Vaticano, 11 de febrero de 2018,
VI Domingo del Tiempo Ordinario,
Memoria de Nuestra Señora de Lourdes

FRANCISCO